El suelo es mucho más que tierra. Es un ecosistema complejo, lleno de vida microscópica que sostiene la fertilidad de los campos, la salud de las plantas y, en última instancia, la seguridad alimentaria del planeta. Sin embargo, décadas de prácticas agrícolas intensivas han ido degradando este ecosistema, reduciendo la diversidad microbiana y debilitando la capacidad natural de los suelos para recuperarse. Proteger y restaurar la microbiota del suelo es, hoy, uno de los desafíos más importantes de la agricultura moderna.

En ClearLeaf desarrollamos GotaBlanca, un producto basado en plata elemental certificado para uso orgánico que ayuda a mitigar el daño de hongos y bacterias patógenas en la agricultura. GotaBlanca no entra al metabolismo de la planta, no genera resistencia microbiana y es seguro para los ecosistemas circundantes: no afecta insectos, aves ni otros organismos que no sean hongos o bacterias en contacto directo con el producto. Es, en pocas palabras, uno de los pocos productos de control de patógenos que puede convivir con los objetivos de la agricultura regenerativa.

Una de las preguntas más frecuentes que recibimos es esta: ¿GotaBlanca puede eliminar los patógenos del suelo sin afectar los microorganismos benéficos? La respuesta honesta es: no exactamente, y ni siquiera sería correcto esperar eso de cualquier producto. GotaBlanca no es selectivo en el sentido de que puede distinguir entre un hongo “bueno” y uno “malo”. Ningún producto en el mercado lo hace realmente. Lo que sí hace GotaBlanca es reducir las poblaciones microbianas que están presentes en exceso. En un suelo enfermo, donde un patógeno se ha multiplicado masivamente, GotaBlanca puede bajar ese inóculo de forma significativa, “nivelando” las poblaciones sin esterilizar el suelo por completo. Los microorganismos que estaban presentes en cantidades naturales y equilibradas simplemente no se ven afectados de manera relevante, como hemos demostrado en nuestros ensayos de campo.

Recientemente, en enero de 2026, completamos un análisis de la microbiota del suelo en un cultivo de piña en Costa Rica, comparando suelos tratados con GotaBlanca y suelos sin tratamiento. Los resultados fueron claros: los cambios observados en las poblaciones de microorganismos benéficos fueron idénticos en ambos tratamientos, indicando que GotaBlanca no afectó la microbiota benéfica. La presencia de enterobacterias, que pueden ser tanto beneficiosas como patógenas, se mantuvo en niveles muy bajos y sin diferencias relevantes entre ambos tratamientos.

Pero manejar un suelo enfermo no se reduce a bajar el inóculo. La clave para una estrategia verdaderamente regenerativa es lo que viene después. Nuestros ensayos en la Universidad de Cornell, donde evaluamos GotaBlanca en 13 combinaciones de cultivo-enfermedad, demostraron que GotaBlanca rotado con productos biológicos es una estrategia sumamente efectiva. En ensayos de uva, por ejemplo, la rotación de GotaBlanca con biológicos superó al estándar del productor en el control de enfermedades como mohos y podredumbres. El principio es sencillo: aplicar GotaBlanca para reducir la carga patógena, esperar unos 14 días para que la plata se disipe, y luego aplicar biológicos que colonicen el suelo con microorganismos benéficos. Esta secuencia crea las condiciones óptimas para que la vida microbiana positiva se recupere.

Esta es la estrategia que tiene más sentido tanto desde un punto de vista económico como desde el de la agricultura regenerativa. No se trata de que un solo producto resuelva todo, sino de entender que el suelo es un ecosistema que necesita ser restaurado, no solo tratado. GotaBlanca puede ser la primera línea de defensa en suelos enfermos, y los biológicos pueden ser la llave para su recuperación.

Cuidar el suelo no es solo buena práctica agronómica. Es una inversión en el futuro de la alimentación global.