En la producción de lechuga y otras hortalizas, cada etapa del cultivo representa una oportunidad para proteger la calidad de la cosecha. Desde el almácigo hasta el momento de la recolección, mantener un manejo consistente permite acompañar el desarrollo del cultivo y responder de forma oportuna a las condiciones propias del campo.
Esa es la experiencia de Hugo Leiva, productor de la zona baja de Cartago, Costa Rica, donde las condiciones de producción exigen decisiones técnicas constantes para mantener la calidad y la continuidad del cultivo.
Para Hugo, el manejo no se basa en intervenciones puntuales, sino en un programa que acompaña el cultivo durante todo su ciclo productivo.
Dentro de su programa de manejo, Hugo incorpora GotaBlanca 500 desde el almácigo. Realiza una aplicación en drench, continúa con una aplicación foliar durante el trasplante y mantiene aplicaciones semanales hasta la etapa previa a la cosecha.
Esta continuidad le permite integrar el producto de forma consistente dentro de su estrategia agronómica sin modificar la dinámica habitual de trabajo en la finca.
Uno de los aspectos que más valora es la posibilidad de utilizar GotaBlanca 500 durante diferentes momentos del ciclo del cultivo, incluso antes de la cosecha, como parte de un manejo orientado a preservar la calidad del producto durante la comercialización.
Su experiencia refleja una visión de agricultura sostenible aplicada al campo: reducir la carga química cuando es posible, mantener programas de manejo consistentes y priorizar la calidad que finalmente recibe el cliente.
Más que incorporar una herramienta adicional, integrar GotaBlanca 500 desde las primeras etapas del cultivo forma parte de una estrategia basada en continuidad, respaldo técnico y decisiones fundamentadas en la experiencia de campo.
Porque los resultados consistentes no dependen de una sola aplicación, sino de un manejo realizado con criterio durante todo el ciclo del cultivo.
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